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04

Abr
2017

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10 años al servicio para transformar

El 04, Abr 2017 | En Blog

El 11 de abril de 2007, la Fundación abrió sus puertas por primera vez. Ese día se concretó un deseo: el de ponerse al servicio para transformar. Te invitamos a celebrar todo lo recorrido.

 

El miércoles 11 de abril de 2007, la Fundación abrió sus puertas por primera vez. Ese día, bajo la forma de un apoyo escolar, se concretó un deseo que venía gestándose hace tiempo: poner al servicio las propias capacidades, saberes y profesiones al modo de Jesús, inspirados en Francisco de Asís, y en fraternidad. Este año festejamos y te invitamos a celebrar todo lo recorrido.

 

10 AÑOS: UNA COMUNIDAD AL SERVICIO PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL

 

Moreno, verano de 2007

Un grupo de frailes y jóvenes franciscanos se pasan cajas, bolsas y mochilas de mano en mano. Están cargando el colectivo de larga distancia que los llevará a Salta. Sus rostros alegres esconden una buena noticia: irán a encontrarse nuevamente con las familias de Yacuy, una comunidad guaraní ubicada en el norte salteño, a pocos minutos del límite con Bolivia. El punto de partida es la Casa de Jóvenes Hermano Francisco, un espacio de formación para jóvenes situado en el barrio Mariló, partido de Moreno. Los misioneros se vienen preparando durante todo el año para este viaje. En la Casa, como le dicen ellos, aprendieron que la vida tiene sentido en el encuentro personal con Dios, con uno mismo y con los demás. Eso es lo que experimentan cada vez que hacen un retiro espiritual o que salen a recorrer el barrio. La misión a Salta reúne todo eso en dos semanas de trabajo intenso y vida compartida con las familias de la comunidad.

El colectivo prende sus motores y a los jóvenes se les enciende el corazón. La misión son quince días de encuentro con extrema pobreza y vida en abundancia, todo mezclado en el caluroso verano salteño. Visitas a las familias, encuentros de catequesis, proyectos comunitarios, partidos de fútbol, misas en la calle… Muchas vivencias se traen guardadas en el corazón. En el largo camino de regreso, el colectivo se llena de charlas, canciones y anécdotas. Sobretodo, mucho sueño: el cuerpo no da más. Sin embargo, el corazón de estos jóvenes está más inquieto que nunca. Sienten que tienen que “hacer algo” con todo eso que vivieron allá. Les resuena una y otra vez la frase de Jesús: “Lo que recibieron gratuitamente, denlo gratuitamente”. Pero, “¿cómo hacemos?”, se preguntan. ¿Cómo hacer para vivir todos los días, desde las capacidades, saberes y profesiones de cada uno, eso que se vive en Yacuy o en Mariló? Todavía no lo saben pero intentarán ensayar algunas respuestas.
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Para que un pibe progrese en la escuela, no alcanzará con ayudarlo a hacer la tarea. Entonces se piensan más espacios y se suman más voluntarios.

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Moreno, miércoles 11 de abril de 2007

El verano se fue y dio paso al otoño. La Casa de Jóvenes Hermano Francisco abre sus puertas para los niños y niñas del barrio. Los pibes entran corriendo al comedor de los frailes y se encuentran con un cartel que dice “Apoyo Escolar”. Las mesas están llenas de cuadernos y libros. Lo que era un lugar para comer ahora es un aula llena de niños. Los jóvenes estuvieron recorriendo el barrio y algunas escuelas durante varias semanas para difundir la iniciativa. Es una prueba piloto que crecerá de maneras inesperadas.

En poco tiempo, el apoyo se llena de participantes. Los jóvenes voluntarios van a descubrir que necesitan más aulas, pero también verán que las necesidades de las familias son más complejas. Para que un pibe progrese en la escuela, por ejemplo, no alcanzará con ayudarlo a hacer la tarea. Entonces se piensan más espacios y se suman más voluntarios. Los frailes les prestan la casita del fondo y el apoyo se complementa con un espacio de psicopedagogía. Luego surge un programa de créditos, después arman un grupo de adolescentes, campamentos, un espacio de asesoría legal y más. Así se fue creando un equipo amplio para abordar las necesidades de una manera integral, es decir, desde muchos ángulos distintos. Se fue gestando un estilo de trabajo franciscano de encuentro y diálogo profundo, apoyado en la construcción de vínculos fraternos y en el ejercicio de la oración como lugar de encuentro con uno mismo, con el otro y con Dios.
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Seguir encontrándonos, formándonos, seguir ampliando espacios, las personas en el centro.

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Moreno, otoño de 2017

Pasan 10 años. Hoy, ese grupo de jóvenes es una Fundación con personería jurídica que trabaja junto a más de 200 familias en dos barrios y cuenta con más de 30 empleados y 50 voluntarios. Los programas que ofrece van desde la estimulación temprana hasta un grupo de adultos mayores. En Lomas de Mariló y Ejército de los Andes, los barrios donde trabajamos, acompañamos a muchas familias a dar pasos importantes: aprender a leer y escribir, terminar el secundario, conseguir un trabajo o construir la propia vivienda. Pasos que se dieron gracias al trabajo comunitario, cercano y profundo.

Este presente es un regalo que nos invita a valorar lo que tenemos, y también sigue siendo pregunta y búsqueda. Todavía hay muchas familias que sufren por no poder satisfacer sus necesidades y derechos más básicos. ¿Cómo seguir respondiendo a esta realidad? Seguir encontrándonos, formándonos, seguir ampliando espacios, las personas en el centro… Todavía queda mucho por recorrer.

Queremos “seguir siguiendo” a Jesús como lo hacía Francisco de Asís. Eso significa entregar la vida a nuestros hermanos y hermanas que viven en situación de vulnerabilidad. La manera es juntos, en fraternidad, compartiendo nuestros dones, aceptando nuestras fragilidades y abriendo las puertas a todo el que quiera ponerse al servicio. Queremos que el fuego original que dio inicio a todo esto se alimente de otros fuegos, con otros nombres, credos y tradiciones, para que la llama crezca y todos nos podamos reunir alrededor de ella.

Cada persona que pasó por la Fundación dejó su huella. A todos ustedes, gracias. Por haber brindado sus dones, conocimientos, tiempo, energía, ganas, ideas, recursos, contactos, espacios, momentos, mates, alguna risa, un abrazo, la vida misma. Gracias por haber sido parte de estos primeros diez años de existencia.

 

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