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31

Ene
2018

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Donde se hace tangible el Reino

El 31, Ene 2018 | En Blog, Novedades

Entrevistamos a Fede Cisneros, miembro del equipo de Psicología, y le preguntamos por su camino vocacional. Encendido por la vida de Francisco, busca acompañar las experiencias de vida y muerte de cada día de los vecinos del barrio.

 

¿Cómo empezó tu camino en la Fundación?

En el año 2006 hice el retiro Emanuel y, sin saberlo, algo se sembró en mí. En el 2008 hice el curso Tabor en medio de un intenso proceso de búsqueda y crisis, y se me invitó a sumergirme en mi interior para encontrar a Dios y su llamado, lo cual después se plasmó en un camino espiritual en la comunidad de la Casa. En el 2009 hice el Camino de Emaús y escuché nombrar a la Fundación. Un año después, me llega la invitación de Tomi Ciminari para ser tutor de adolescentes.

 

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Fede y Juanjo en Yacuy, Salta (paraje Guaraní)

 

¿Cómo influyó Francisco de Asís en tu opción vocacional?

Desde que lo conocí, me cautivó su pasión para vivir, su radicalidad en la entrega, su coherencia en su modo de vida y cómo encontró su Todo al Dios del Amor de Jesús. Él fue uno de los responsables de encender mi búsqueda profunda de una vida colmada de sentido, entregada a Jesús, vivida a fondo, llevando una profesión y un estilo evangélicos. Gracias a él, de la mano de muchos que me acompañaron fielmente y con misericordia, descubrí el amor inmenso de Jesús que habita en mi humanidad, en mi historia, y en la de los otros. Y ahí encontré que yo quería que mi vida consistiera en compartir el camino de otros: acompañar, escuchar, abrazar, aceptar, sanar… El fruto de eso fue mi opción por la psicología y la educación.

 

“Poco” es infinitamente más que “nada”

 

¿Cómo es la relación entre la vida y la muerte en tu trabajo?

La muerte está a la vuelta de cada esquina, literal y metafóricamente. Nos persigue con todos sus crudos límites: la angustia, la soledad, la enfermedad, la carencia, el desamor, el dolor, las heridas, la desconfianza. Es todo tan frágil y contingente, se hace más fácil bajar los brazos, descreer, conformarse, faltar, cerrarse. Y es una experiencia cotidiana: suele suceder que los problemas no tienen solución o las cosas no cambian, los errores se repiten, el dolor no se va, las personas se ausentan y se pierden… abundan las frustraciones en la tarea.

 

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Lola y Fede en la Maratón de Salud en Ejército de los Andes

 

Siento que el trabajo es tan limitado, que las intervenciones son tan pequeñas, que lo posible es tan poco, que parece ridículo esperar que sirva de algo. Pero “poco” es infinitamente más que “nada”. Y, tan misteriosamente, la vida surge entre tanta muerte, pequeña al principio, pero con toda su fuerza, y triunfa. Cada encuentro, cada sesión, cada palabra dicha y escuchada, cada mirada van transformando. Son cambios sencillos y ocultos que van haciendo diferencia imperceptible, pero que se hacen evidentes al mirar el camino recorrido. Y ahí reside mi esperanza.

 

La Comunidad es donde experimento la dimensión de la fraternidad como don recíproco: ser hermano y que mi vida sea un don para otros y, a su vez, tener hermanos cuya vida es un don para mí.

 

¿Qué significa trabajar de manera interdisciplinaria? ¿Qué riquezas y tensiones genera?

Lo interdisciplinario se presenta hoy como una condición irrenunciable si queremos que el trabajo sea eficaz y fructífero. Lo que transforma no es “una” persona ni “un” espacio, sino un equipo y múltiples espacios. Cada profesión y espacio tienen sus riquezas y limitaciones, pero al sumarlos se pierde menos y se potencia más. Tener una mirada y recursos específicos es un regalo, pero es insuficiente sin la de los otros. Muchas veces, es en el aporte ajeno donde reside la clave para lograr y avanzar.

Lo difícil es encontrar tiempos y espacios para compartir. Desde lo organizativo pero también desde la disposición personal: la vorágine diaria y la demanda intensa de la tarea facilitan que cada uno mire su propio espacio y actividad; sacar la mirada del propio ombligo y mirar alrededor es un gran esfuerzo. Y compartir mi saber también implica una pérdida: uno llega a querer al propio trabajo como a un hijo, y a los hijos siempre cuesta soltarlos. Pero la ganancia es superior: novedad, recursos, claridad y, también, descanso y apoyo. Es un modo de trabajar pero también es un modo de andar el camino con otros.

 

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Encuentro Fraterno de la Fundación

 

¿Qué es “Comunidad” para vos?

La comunidad fue y es para mí un lugar identitario. En ella se me reveló mi identidad más profunda, la posibilidad de ser yo mismo y saberme valioso así.  Ser parte de un grupo de personas que se vincularon conmigo desde el cariño, la aceptación, la misericordia, la alegría y el compromiso, me habilitó a ser como soy en verdad. Y eso me animó a encarar el proyecto de mi vida que brotó desde mi interior. Es un lugar en donde experimento la dimensión de la fraternidad como don recíproco: ser hermano y que mi vida sea un don para otros y, a su vez, tener hermanos cuya vida es un don para mí. Es el lugar donde la vida se hace vivible, vale la pena ser vivida, compartiendo gozos y fatigas. Es el lugar donde se hace tangible el Reino del Amor de Dios.

 

La Comunidad es donde uno puede confiar y abrirse al encuentro con otros, con quienes me puedo identificar, pero también descubrir lo diferente, la singularidad sagrada de su historia. Y ahí uno aprende, sí, pero creo que el verdadero regalo está en poder contemplar esa historia y celebrarla gratuitamente, simplemente por ser.

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