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29

Ene
2018

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El camino es la Comunión

El 29, Ene 2018 | En Blog, Novedades

Joaco Ibañez, quien fuera encargado del programa de Economía Social hasta mediados de este año, nos comparte los aprendizajes de su recorrido académico y del trabajo compartido junto a las familias del barrio. Un camino desde las grandes preguntas hacia el encuentro con el otro.

 

Por Joaquín Ibañez

Un hombre iba de Jerusalén a Jericó y en el camino fue asaltado. Los ladrones le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Pasaba por ahí un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. Después pasó un levita que hizo lo mismo. Por último llegó un samaritano que, al verlo, se compadeció de él y, acercándose, curó sus heridas y se las vendó. Luego lo llevó a un alojamiento y lo cuidó toda la noche. Al día siguiente, el samaritano le pidió al dueño del alojamiento que cuide de él y se comprometió a pagar todos los gastos correspondientes.

 

La parábola del buen samaritano es una de las más conocidas de la Biblia. Jesús la utiliza para responder a un experto de la ley que le hace la siguiente pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”. La enseñanza que regala Jesús es, para mí, un tratado de economía humana y solidaria.

 

Durante la carrera de Economía, aprendí algunas teorías relacionadas al debate sobre cómo abordar la problemática de la pobreza. En líneas generales, desde un punto de vista macro-económico, hay dos posturas bien diferenciadas. La primera dice que para que un país pueda salir de la pobreza, necesita una ayuda externa. La segunda, se basa en la confianza en el libre mercado y dice que éste puede generar los incentivos suficientes para que la gente encuentre su propia manera de resolver los problemas. Son dos teorías que buscan contestar “grandes preguntas” y apuntan a lo macro, lo “global” de la economía.

 

[…] abordar la pobreza es poner el foco en situaciones particulares y casos concretos. Pequeños cambios en pequeños “universos”.

 

Leyendo el libro Poor Economics, me encontré con una tercera postura. Este dice que no hay una respuesta general a las grandes preguntas. Es decir, no hay una respuesta definitiva a cómo abordar la pobreza pero sí para solucionar casos puntuales. Según sus autores, Esther Duflo y Abhijit Banerjee, abordar la pobreza es poner el foco en situaciones particulares y casos concretos. Pequeños cambios en pequeños “universos”. Ir a lo micro, no tanto a la macro. Ir a las personas.

encuentro

 

En paralelo a este recorrido académico, un aspecto muy importante de mi vida empezaba a tener cada vez más protagonismo: mi formación como cristiano. Carrera y profesión se empezaron a fundir con mi vocación y fui descubriendo que algo me llamaba más al caso concreto que a las grandes preguntas.

 

En el año 2010 decidí hacer un curso vocacional en la Casa de Jóvenes Hermano Francisco. Quería profundizar en mí mismo, qué es lo que quería y de dónde venían todas estas inquietudes. El Tabor fue muy importante para mí, no solo porque me ayudó a conocerme un poco más y cambiar de carrera (de Actuario a Economía), sino porque conocí una nueva mirada acerca de la pobreza, cómo abordarla, cómo vivir y convivir con ella. Cuatro años más tarde, se abrió la posibilidad de unir mi carrera y profesión con mi vocación. Empecé a trabajar en la Fundación Franciscana en el programa de Economía Social.

 

Compartiendo el día a día con las familias del barrio, me encontré con nuevos conceptos que abrieron mi cabeza: economía solidaria, economía popular, economía desde el sentido común, desde la experiencia, la subsistencia o desde la simplicidad de la vida. A la misma vez, fueron apareciendo distintas percepciones, sentimientos y miradas de nuestra sociedad, del sistema económico y la distribución de riqueza. Miradas que trajeron bronca, frustración, anhelo de justicia y, sobretodo, una invitación renovada al proceso de seguir descubriendo mi vocación.

injusticia-social

La búsqueda me llevó a conocer algunas lecturas sobre la historia de Francisco de Asís que me interpelaron profundamente. Su amor por la pobreza, buscando seguir el ejemplo de Jesús, me parecía, al principio, una opción totalmente irracional. ¿Cómo podía sentirme atraído por esta opción de pobreza mientras estudiaba una carrera cuyo objetivo es tomar decisiones totalmente opuestas? La vida de Francisco y el trabajo en el barrio fueron generando una tensión enorme entre crecer económicamente y acumular riquezas (como había aprendido en mi carrera) y vivir de manera despojada compartiendo con los que no tienen nada.

 

Luego llegó a mi vida una nueva teoría: la economía de la comunión. Esta dice, entre otras cosas, que “el pobre es, antes que nada, un hermano; es Jesús con otro nombre, a quien yo tengo el deber de amar. Es una persona con una gran dignidad y un gran potencial, tal vez oculto o sepultado bajo las trampas de la pobreza y la miseria, de las que puede salir para desarrollarse. Y aunque no logre salir de esas trampas, la persona siempre puede amar, siempre tiene algo que dar y recibir de los demás.”

 

La economía de la comunión despertó nuevas preguntas: ¿cómo nos paramos frente al otro? ¿De qué manera trabajamos? ¿Cuál es la invitación que nos propone Jesús? ¿Cómo se aborda la pobreza o la injusticia social? ¿De qué manera podemos ser una posibilidad para todo aquel que quiera salir de la pobreza en los barrios donde trabajamos? ¿Cómo hacemos para transformar, desde la pequeñez, cada día, más historias de vida?

 

Debemos ocuparnos en hacer algo. No pasar de largo, no ser indiferentes.

 

Creo que estos interrogantes no se nos pueden escapar a la hora de mirar la realidad en la que vivimos. La desigualdad, tan evidente ante nuestros ojos, nos obliga a cuestionarnos cómo estamos trabajando. Sin embargo, no alcanza solo con preguntarnos. Hay que hacer algo. No podemos ser indiferentes o encerrarnos en teorías.

 

Lo que aprendí hasta ahora gracias a las lecturas que encontré en el camino y las experiencias y el trabajo compartido en el barrio, es que debemos ocuparnos en hacer algo, como hizo el buen samaritano de la parábola. No pasar de largo, no ser indiferentes: trabajar desde la historia de personas concretas. No existe una realidad por fuera de ellas. ¡Las Personas son la Realidad!

 

Aunque la transformación no sea radical o de un día para el otro, aunque sea solo un cambio pequeño en la vida de una sola familia, tenemos que seguir abrazando la pobreza (no tanto “combatirla” o “eliminarla”). Acompañar el caso a caso, reconocer al otro como a un hermano/a capaz de dar y no solo de recibir, y enfocarse en buscar pequeñas transformaciones, como nos enseña Jesús en sus parábolas, como lo entendió y vivió Francisco. Si queremos una economía más humana y solidaria, la comunión es el camino.

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