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07

Feb
2018

En Novedades

“La vida se nos da, y sólo la merecemos dándola”

El 07, Feb 2018 | En Novedades

El hermano Guille Schattenhofer, fraile de la comunidad de La Teja, Merlo, comparte vocacional y la influencia decisivo del otro en el proceso. La vocación como regalo para ser regalado. 

 

Lo más grandioso de la vocación es, en lo personal, cómo se va moldeando el corazón desde el afuera. A primeras me resultaba contradictorio encontrarme con esta idea, esta sensación de que el otro me iba definiendo. Habiendo escuchado tantas veces que uno tiene que ser autentico y profundamente fiel a sí mismo, sin dejar que los otros te digan quien sos y que debes hacer, me es inevitable no caer también en la cuenta de lo esencial que me resulta esta otra parte del proceso. Hoy no puedo dejar de mirar y prestar atención a los otros, al afuera, al entrono que me define cada vez más en mi vocación franciscana.  Aparte, es tan sencillo como mirar el pasado, la historia, cómo se fue construyendo mi vocación para caer en la cuenta de que siempre fue así.

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Guille y los hermanos Jesús y Agus en La Teja

Cami es una joven del barrio La Teja, de 17 años, madre de una preciosa beba. A ella la conocí cuando tenía 15. Tuve siempre el enorme regalo de que me dejara participar de su vida. Era una adolescente, rebelde, divertida, con sus idas y venidas y sus miles de deseos que, por más que los soñaba y anhelaba con el corazón, siempre se encontraba con la sensación de que no eran posibles. Cuando quedo embrazada creo que en ella comenzó un profundo y hermoso camino de cambio y resignificación personal. Por momentos cuando le pregunto, me parece que no termina de ser del todo consciente de lo que paso en su vida, en su cuerpo, en su corazón. Sabe poner en palabra el insondable amor que siente por su hija y también sabe profundamente que su hija la ama. Pero lo que aún no termina de darse cuenta es cómo su vida, sus actitudes, sus palabras, sus modos y hasta su forma de pararse fueron modificándose, en relación con aquella niña de 15 años . ¿A qué se debe este cambio?

 

Creo que la vocación, al igual que todos los dones, es un regalo personal de Dios para ser regalado a los otros. 

 

Aparte de lo propio del “ir creciendo” sin duda ocupa un lugar fundamental su hija. Ella, hoy, con sus más y sus menso, es Madre. Es definida como tal a partir de la presencia de Daira. En el gesto de la mirada de su hija, en el reclamo por que tiene hambre, dándole de comer, dormirse después que ella y despertarse cuando ella lo pide, en el demanda de afecto, de que le hagan upa, y en la palabra mamá que cada vez escucha con más insistencia, Camila va haciendo cada vez más carne esta condición. De la misma manera yo experimento que Jesús fue obrando en mi vida, y lo sigue haciendo.

 

Creo sin duda que la vocación, al igual que todos los Dones, es un Regalo personal de Dios, para ser regalado a los otros. Por lo tanto, es inevitable que los otros no vayan moldeando este regalo a la medida en que ellos lo desean y quieren.  En la entrega fraterna y minoritica de Francisco, cuando  soñaba y anhelaba profundamente vivir su vocación, jamás se imagino hacerlo con hermanos. Eso es un extra que vino después de su profundo deseo de seguir a Cristo pobre y crucificado. Este Don tan preciado para él, se vio siempre contrariado con la presencia de los hermanos que se fueron sumando posteriormente y que fueron dándole forma distinta a la vida de Francisco. De la misma manera siento la invitación hoy a vivir mi vida como hermano menor. El contexto forma, ME FORMA. El barrio, el barro, la gente. El hecho de que en mi proceso y mi camino siga luchando con dejar determinadas cosas claramente es un ejemplo de esto. Tantos años formado de una manera por un contexto diferente, choca con lo que hoy anhelo.

 

La injusticia, la desigualdad, la periferia, la vulnerabilidad, la pobreza, la desprotección, la intemperie, la violencia, la muerte, la vida descuidada, el frío, el hambre, entre muchas otras cosas, tiene que superar, afrontar, asumir Camila a la hora de optar por dejarse afectar por su hija y elegir todos los días ser Madre y darse por entero. Así también son motores formativos de nuestra vocación franciscana. La esperanza de una niña que siente que su vida esta siendo  profundamente acompañada por su madre, es la presencia manifiesta de un Dios que acompaña la vida de todos.

Me resultaría imposible desprenderme y no estar agradecido con aquellos encuentros con la gente en situación de calle, producidos en las noches de Buenos Aires; o con la comunidad de la escuela 441 en Quitilipi; o Maxi, Ema y Jose Luis, niños del barrio Los Palos en Concepción del Uruguay; o  “el Tono Barreto” de Punta del monte. En ellos comprendí el significado real, el verdadero rostro de aquel a quien muchas veces llame prójimo; los descubrí perfectamente diferente y, por lo tanto, profundamente hermanos. Así cómo el cuento de aquel hombre que se pasa horas en silencio frente al Santísimo, y cuando le preguntan qué reza tanto, él responde: simplemente me siento a ver como Jesús me mira; de esa misma manera anhelo que la mirada del otro moldee mi vida.

Muchas veces reflexioné sobre lo que a Francisco le resultó el encuentro con el leproso. Hoy creo que la vida me invita a querer encontrarme con cómo el leproso miró y amó a Francisco.

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