maternidad en busca de sentido

Actualizado: 15 de feb de 2019


El espacio de Estimulación Temprana ha ido creciendo y cambiando con los años, como la vida misma. En este camino de crecimiento fuimos buscando siempre tener el oído atento y aguzado a lo que las madres y la realidad nos traían, así como a las inquietudes de quienes acompañábamos el camino.




Texto: Milagros Oromí

Encargada del Programa de Estimulación Temprana


En sus inicios el Espacio quiso ser un espacio de prevención, acompañamiento del desarrollo y detección de retrasos del desarrollo. Dichos objetivos, aún vigentes, se fueron profundizando con los años. Nuestro actuar, practicas, acompañamientos e intervenciones son aquellas en las que encontramos sentido, no podríamos hacerlo de otra forma.

En el inicio de la vida hay una oportunidad inigualable para el crecimiento de la vida. Las ciencias cada vez nos hablan más de los sucesos fundantes que aquí acontecen. El crecimiento es potente, rápido y exponencial. El cerebro se forma con sus miles de conexiones neurales: en tres años el niño triplica su peso y talla. Las vivencias afectivas y emocionales de los primeros años dejan huellas en el engranaje emocional del futuro adulto. Son razones de sobra para ocuparnos de esta primera etapa. La educación que arranca temprano puede abrir nuevos horizontes y posibilidades para aquel niño.


Sin embargo, nuestra tarea va más allá de las posibles consecuencias, los objetivos a los que apuntamos o los cambios que buscamos generar. Nuestro trabajo está motivado por el sentido que le vamos encontrando a nuestra práctica, por aquello que nuestra experiencia nos va haciendo sentir. ¿A qué le encontramos sentido?


Le encontramos sentido a acompañar la apertura de la vida. Le encontramos sentido a que una madre pueda sentirse acompañada y sostenida por otras que caminan a la par en esta etapa de gran demanda y entrega. Encontramos sentido en que los niños puedan tener un espacio de juego seguro, donde poder explorar e ir desplegando sus capacidades innatas. Encontramos sentido a que cada madre pueda ir encontrando la mejor versión de sí misma en la relación con cada hijo, dentro de la propia historia, fragilidades y fortalezas.

Encontramos sentido en acompañar respetuosamente la historia singular, la propia cultura, los deseos, anhelos y dificultades de la vida diaria. Encontramos sentido en poder brindar los conocimientos de la primera infancia que tenemos gracias a nuestra formación profesional y también a nuestra experiencia personal, para poder construir juntos. Encontramos sentido al dejarnos atravesar por el encuentro con el otro, creciendo profesional y humanamente.


Desde esta búsqueda de sentido, hemos sido testigos de tantas vidas de mujeres que fueron transformadas, y pudimos ver crecer a tantos niños saludablemente.

En estos seis años fueron muchas las familias que pasaron por el programa. Muchas de ellas siguen compartiendo con nosotros la cotidianidad de la Fundación. A muchos niños los vemos disfrutar de otros espacios o haber empezado sus primeros años de escolaridad con ganas y desenvolviéndose muy bien. Con muchos otros niños hemos perdido el vínculo y no sabemos cómo siguen sus vidas familiares, pero tenemos la certeza de que lo compartido en el espacio es una semilla latente porque fue, justamente, una experiencia de sentido que teñirá sus futuros pasos.


En estos años, quisimos agudizar el oído, desarrollar el olfato y ajustar la vista a las necesidades de quienes acompañamos. Con el tiempo, se hizo más potente la fuerza transformadora de lo grupal, lo construido comunitariamente: fuimos palpando lo importante de poder compartir espacios de placer y distensión en el día a día, y cómo esto genera nuevos patrones de relación con los niños en medio de las demandas y limitaciones tan profundas de quienes viven en estos barrios.A su vez, vimos cómo estos espacios de bienestar generan cambios a nivel fisiológico y hormonal. Pudimos celebrar juntos y regenerarnos en estas celebraciones.


Surgieron amistades de madres y niños que allanan el camino y lo hacen más bello.Y, sobre todo, vivenciamos el deseo de poder construir nuevas posibilidades, de equivocarnos mil veces, aún con el mejor deseo y querer volver a apostar a nuevas formas en aquello que sigue siendo para muchas la razón de sus vidas: la vida de sus hijos e hijas.

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